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Narcotráfico y violencia en La Pintana: Un problema estructural

“Este crimen no va a quedar impune y la voluntad del gobierno de Chile por combatir la delincuencia y combatir las pandillas, las bandas, la violencia desatada que muchas veces existe en nuestro país, es total y absoluta”. De esta forma el Presidente Sebastián Piñera se refería al lamentable y violento asesinato del cabo primero de carabineros, Oscar Galindo, a manos -presuntamente- de un adolescente de 17 años, en las cercanías de la sede vecinal de la villa El Bosque en la comuna La Pintana, lugar donde trabajamos hace un año como Área de Blocks de la Fundación Techo. Este triste suceso ha provocado la reacción de otras autoridades -entre las que destaca la alcaldesa Claudia Pizarro- exigiendo un endurecimiento de las penas, mayor seguridad policial y un “combate más arduo” contra el narcotráfico.

Como área, concordamos con aplicar las penas que la ley establece para delitos de esta magnitud. Sin embargo, es necesario preguntarse si el aumento sostenido de penas y facultades policiales son políticas que han tenido éxito en nuestro país para prevenir estos hechos, o bien, si están incentivadas por el beneficio político a corto plazo, los medios de comunicación y el abandono de las comunidades. Por esto, antes de emitir juicios y salir en la prensa como paladines del combate a la delincuencia, es importante entender los contextos de vulneración social en que se generan estos hechos, los que hoy imperan en un Chile invisible que nadie que no lo vive directamente quiere ver.

La Pintana, donde aconteció el asesinato, es una de las comunas más pobres de Santiago. En ella, casi el 80% de sus habitantes viven insertos en un barrio crítico, es decir, en un lugar que presenta un deterioro grave de infraestructura urbana y habitacional, bajo acceso a servicios y hacinamiento. Esto implica que el acceso a carabineros, salud, educación de calidad, trabajo, entre otros, está sumamente limitado.  Más aún, el 42,4% de sus habitantes se encuentran en una situación de pobreza multidimensionallo que corresponde a casi el doble del promedio nacional. La política de relocalización en dictadura y, de manera posterior, el Programa de Vivienda Básica, terminó construyendo deliberadamente centenares de proyectos de vivienda sociales en la periferia de la ciudad, en lugares con acceso deficitario a servicios públicos como sucede en La Pintana.

En este contexto creció el adolescente a quien le queremos endurecer las penas para que así ingrese a un sistema carcelario sin proceso de reinserción social y con índices de hacinamiento crítico. Un joven que a una muy temprana edad lo reclutaron como soldado en una banda de narcotráfico local a raíz de promesas de una mejor calidad de vida que la que se puede soñar alcanzar en un contexto así de vulnerable. Quienes no entiendan que este joven es producto de un abandono total por parte de las instituciones del Estado y la sociedad civil hablan desde una superioridad moral violenta, con una miopía recalcitrante y que lamentablemente pareciera ser un denominador común en nuestra sociedad. Como mencionó acertadamente Stephanie Hurtado, dirigenta de la Villa El Bosque, “No se ve que el chiquillo que dispara esa arma era un menor de edad y que también hay miles de personas e instituciones detrás de ese niño que no hicieron la pega. Y que hoy creen que por penalizarlo y por acortar la edad de penalización pasa la solución.”

Muchas dirigentas como ella trabajan activamente para sacar a su barrio adelante, aún teniendo tantos factores en contra:balas locas, narcotráfico, municipios ausentes, la invisibilización de su trabajo por los medios, etc. Son dirigentas y dirigentes vecinales que mediante la organización social han alcanzado condiciones de vida más dignas, desplazando a las organizaciones delictuales y tomando la fuerza necesaria para ser tomados en cuenta por las autoridades. Si las soluciones a estos contextos se basaran en la expertise y necesidades reales de las mismas comunidades que lo viven diariamente, no cabe duda que dejarían el foco puesto en procesos sanos y profundos de transformación socio-habitacional. Solo así lograremos “combatir el narcotráfico”, la desigualdad y la vulneración social. Lamentablemente, en la prensa no venden este tipo de relatos, sino solo el sensacionalismo blindado de una jugosa crónica policial donde los malos y los buenos no tienen historias y contextos que los condicionan, solo hay villanos estigmatizados y prejuicios clasistas, sexistas, xenófobos o racistas.

Es urgente que el Estado termine con su negligente abandono de las comunidades y desarrolle políticas integrales de largo aliento destinadas a corregir la fallida política habitacional. Para ello es necesario reparar a las comunidades garantizando el derecho a una ciudad justa y a una vivienda digna, haciéndolas partícipes del proceso de creación de estas soluciones, como piso mínimo para que les permita habitar en un barrio que asegure el buen y digno vivir.

elquintopoder.cl – Fundación Techo Para Chile

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